No hace falta estar en la misma habitación —ni siquiera en el mismo continente— para sentir la conexión. A través de la respiración, el sonido y el silencio, nos encontramos en un espacio más allá de la distancia. En estas sesiones, tu hogar se convierte en un santuario, y cada inhalación, cada vibración y cada pausa es una invitación a volver a ti.